!Aviso. Contiene posibles referencias o spoilers a la película, aunque intentaré no ser muy explícito.
Black Swan (2010). Una obra de arte & perfección (si saben a lo que me refiero... -algunos seguramente sí.-). La historia cuenta una transición, una travesía contenida en el propio cuerpo y mente. Nosotros somos nuestros peores competentes. La referencia a la Metamorfosis de Kafka, se me viene a la cabeza...
Natalie Portman (la actriz protagonista) hace un espectacular papel. Da la talla. Ella, el cisne blanco, baila con rigidez y metódica disciplina. Y es capaz de cambiar drástica su registro. Mientras la pasión se oculta en las plumas de albo color entre sus marcados pasos. El deleite del cisne negro alcanza la soltura necesaria, se desata el alzado de sus alas y se desenvuelve como nunca. Abraza el rojo del frenesí.
El final es indescriptiblemente apoteósico. Podría decirse que sublime para culminar una historia cargada de grandiosos efectos visuales, como psicológicos, y además es narrada de manera tan singular como rociada de incertidumbre.
Destacar, como dato aparte... la relación enfermiza que mantiene con su madre. La cual me fascina y recuerda con mucho ahínco a la película La Pianiste (Francia & Austria, 2001). Aunque en ésta última la colisión entre ambas... iba mucho más allá y era superadamente arriesgada. Compleja e intensificaba su siniestro lazo familiar.
Este anterior fin de semana, visioné por segunda vez esta maravillosa película de ballet y la superación personal. La cual... siempre contiene secuelas. Consecuencias.

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