martes, agosto 09, 2011

No dormir.

Mi reflexión sobre el sueño y la seducción de la temperaturas en las calurosas noches de estío:

Queda dicho que no sufro de insomnio -no en estas fechas, al menos-. Mis horarios han sido regidos por el cansancio y la educación de los hábitos. Aprendí la rutina de mis párpados. Ahora caigo rendido, sumido en un sueño profundo de prematura estancia en el estadio REM. (Siempre me costó una barbaridad conciliar el Morfeo con mis intenciones comatosas en la madrugada).

Al enfocar mis pupilas, al abrir los ojos. A la mañana. Las sábanas me abrasan... Una vez despierto, cuando aún los rayos ni inciden con fervor y un tono ámbar, todo se acabó. No hay descanso eterno. Mi cuerpo se rige (nunca mejor dicho) para ser elevado tras una apacible siesta que dura bajo las constelaciones. Madrugador, podrían decirme. No, no es mi intención.

Quiero dormir hasta dejar el hueco de mis pensamientos sobre la almohada. Verano, ¿por qué me haces esto?

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